Confía, el auxilio viene del Señor.

“Levanto mis ojos a los montes, de donde vendrá mi auxilio…” (Salmo 121). 

Sí, en esos momentos cuando el sufrimiento llega y te sientes devastado, sólo y sin alientos de seguir adelante, es cuando miras al cielo y dices “¿y ahora?, ¿Por qué me pasa esto a mí?, ¿Por qué estoy sólo?, ¿Por qué esta enfermedad?, ¿por qué este embarazo?, ¿Por qué este abandono?, ¿Por qué esta muerte?

Estas y muchas más preguntas llegan a ti en los momentos de desesperación y angustia, cuando crees que ya no das más, que has luchado suficiente, que tus fuerzas se agotan, que sientes que resbalan tus pies, cuando te has aferrado fuertemente para no desfallecer, no resbalar, ¡pero es inútil!, tus fuerzas se agotan e indudablemente y sin reparos comienzas a pedir auxilio, ayuda, ¿quién está ahí?, ¿a quién puedo acudir?, miras constantemente el celular, entras al facebook, te tomas una copa para pasar esta desventura, te aíslas, duermes, callas, lloras, reclamas…

Es una búsqueda insaciable de encontrar alivio a tu devastado corazón, a tus múltiples pensamientos, donde solo quieres no estar viviendo semejante momento, ¡que pase ya! Grita tu interior; pero ahí, en el último instante, cuando ya das todo por perdido, llega esa mano que se tiende hacia ti y te levanta, y ahora estas de pie, nuevamente, mirando lo sucedido desde arriba de la montaña, alguien te dio su mano y te terminó de subir, no caíste, por poco, pero estás a salvo, arriba ya no hay peligro.

Comienzas a analizar tu subida, ahora con la tranquilidad de ya estar a salvo, y te percatas que había formas de subir sin sufrimiento, formas de vivir sin quedarse en el dolor, formas de llegar sin obstáculos, y reniegas o quizás simplemente te cuestionas por lo vivido, pero no hay vuelta atrás, ya pasó, cada minuto vivido quedo en el ayer, fue tu camino, ahora mira atrás, solo para saber y entender que solo bastaba pedir ayuda y soltarte en las manos de quien te escucha.

Sí, es Él, tu padre, tu creador, Él no te abandona, Él es tu guardián, Él no duerme y está a tu lado. Reconfórtate con su auxilio, descansa en su regazo, eres su hijo amado, por quien dió su vida por salvar la tuya. ¡Que amor más inmenso, incalculable, inmedible, solo para ti!

Así es que nunca olvides que Él está ahí, tu guardián no duerme.
Por muy duro que veas el horizonte…
Confía, 
Aunque sientas que se agotan tus fuerzas…
Confía, 
Aunque los resultados obtenidos te agobien… 
Confía,
Así te traicione quien nunca imaginaste… 
Confía, 
Si ves tus proyectos cuesta abajo… 
Confía, 
Cuando ves crecer en tu vientre a quien nunca soñaste… 
Confía, 
Y si tus pensamientos te traicionan haciendo que pienses lo peor de ti, no les creas, solo piensa en que Dios está de tu lado y…
Confía, 
Cuando la soledad hace grietas de desierto en tu alma…
Confía,

Porque es ahí, justo cuando das todo por perdido, cuando la aridez te lleva a pensar que nunca retoñará de nuevo un jardín en ese lugar, es cuando más debes confiar.

Entrégate, confía, sé paciente, todo llega en el momento justo, sea bajo el sol o bajo la luna, o mejor aún en el alba, ese instante de transición de la noche al día, cuando todo se da por terminado, llega un nuevo amanecer, y para ti también, así es que… CONFÍA. 

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