Contra las cuerdas

“…Ahora más que nunca podemos decir que estamos invitados a presenciar no sólo un cambio, sino varios cambios. Cambios a nivel político, cambios en la economía, cambios culturales, cambios sociales, cambios de ideologías y hasta cambios de paradigmas; pero debemos poner especial atención en el cambio que toca con nuestra humanidad y con nuestra esencia y que tiene que ver con los cambios en la familia; el término familia, que hoy por hoy entra en fuertes debates, afronta el relativismo y tiende a un amalgamiento de definiciones, debe poner en la mente de los ciudadanos de a pie una reflexión profunda sobre el propio rol dentro de la familia y sobre las características que rodearon nuestro hogar de origen y por supuesto, sobre el papel que estamos representando en nuestra familia actual, ya sea como hijos, hermanos o padres de familia.

Hoy se proponen innumerables tipologías de familia y extensas cantidades de modelos de intervención a las familias, por ello es posible que hoy en día se tengan la mayor cantidad de textos acerca de cómo educar y de modelos y estilos de enseñanza y aprendizaje; asistimos a la exposición más abundante de la historia sobre temas familiares y nuestras universidades gradúan periódicamente una cantidad considerable de profesionales que se dedican a pensar e intervenir la familia y la sociedad.

Es cierto que es un agradable momento para pensar la familia, pero también es el mejor momento para Ser familia. Sí, Ser familia ha quedado relegado a un debate político o a un problema de adopción y hasta de género. Ser familia al parecer, quedó limitado a ser un tema conversado en las aulas de clase, en las plazas públicas o escrito en los libros. Ser familia según se observa, es una invitación que ha recibido un golpe por parte de las mismas familias, que han llevado este término a sufrir un “Knock out” que la tiene contra las cuerdas y a punto de perder el combate.

Parece paradójico que cuando se habla más acerca de la ética, de la moral, de la paz, de restablecer el tejido social, de tener profesionales idóneos para todo lo anterior, las personas han desviado la mirada al individualismo. Se suele escuchar “No me gusta mi vida” “Quiero acabar con mi problema” “Tengo sentimientos de culpa” “Sé que lo que yo hago está mal pero…”  y allí es donde se percibe casi que tangiblemente la paradoja en la que estamos sumergidos, pues tenemos a la mano diversas herramientas para cambiar aquello que no nos gusta de nosotros mismos. Hoy como nunca, podemos echar mano de aquello que pueda sanar nuestras dolencias emocionales y afectivas (Muchas de ellas generadas en la familia). Pero la decisión parece estar tomada, nos ahogamos con nuestros propios lamentos y decidimos no enfrentarnos a aquello que oprime nuestros corazones y decidimos vivir al ritmo del mundo, decidimos la comodidad, decidimos ser parte del sistema, decidimos que nos arrojen contra las cuerdas.

Así las cosas tenemos dos opciones, la primera es llorar sobre la leche derramada, quedarnos habitando la paradoja y recurrir a la crítica destructiva de nuestras vidas y de las vidas de los demás, reconociendo con ello la impotencia de poder, pero no querer transformar realidades comenzando por la propia, la salida fácil, la salida de hacer parte de un sistema en el que sí los otros se mueven, yo me muevo y si no se mueven, simplemente espero a que lo hagan, eso es habitar en el confort y la comodidad que arrincona y limita cada vez más la capacidad del ser humano. La segunda opción que tenemos es de levantarnos y luchar en el combate diario por la restauración de nuestra vida, de sanar las heridas, de perdonar; es la decisión de simplemente no estar cómodos.

Quizá pueda ser arriesgado al decir que los padres de familia en ocasiones viven en la comodidad, la misma que trasmiten a sus hijos y la misma que ellos utilizan para generarles dolores de cabeza por los comportamientos inapropiados en las diferentes edades. Los padres de familia están llamados a reconocer la profesión de padres como algo que no termina y que te saca cada vez más bruscamente de la comodidad en la que se cae, es una travesía única en la que a pesar de las caídas, de las lágrimas, de los dolores en el alma, de los “Te odio” por parte de los hijos; termina en la esperanza de que todo ello se trasformará en un “Gracias” o tal vez en un “Me salvaste la vida” provenientes de sus hijos.

Los valientes son aquellos que en los combates por la dignidad y el respeto por el otro, luchan y no se dejan llevar a las cuerdas por el reduccionismo y el relativismo en el que cae la familia de hoy; valientes son los que comprenden que la posición cómoda lleva al frasco, valientes son los que mueven el sistema y no esperan a que éste los mueva. Padres de familia, hijos, hermanos la invitación más importante de la vida, más que a tener una familia, es a SER FAMILIA.

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