El camino hacia la escucha

Una de las razones de muchos desacuerdos entre las parejas, amigos, comunidades y empresas, consiste en que escuchamos las palabras, pero no entendemos realmente lo que el emisor nos quiere decir; incluso, esta situación llega a presentarse con frecuencia en la terapia de pareja, donde producto de nuestra inadecuada escucha, otorgamos significados a lo que creemos el terapeuta quiso decir, ocasionando con esto un problema mayor y atribuyendo al psicólogo una responsabilidad que no le corresponde.

Otra de las dificultades de la escucha, radica en que damos los mensajes, según nuestros gustos y prejuicios, sin tener presente que el otro necesita escuchar la verdad sin estos prejuicios. Esto lo hacemos porque no estamos acostumbrados a escuchar estos mensajes sin anestesia, si no que queremos que las cosas se nos digan con moños, flores y adornos. 

Por tanto, si deseamos afinar nuestro oído para entender lo que el otro nos quiere decir, es necesario primero que escuchemos nuestro cuerpo, nuestro corazón, nuestros sentimientos, nuestras sensaciones, nuestra  razón y nuestro modo de actuar frente a las situaciones diarias, con el objetivo de conocer lo que está pasando con nosotros mismos y con nuestras relaciones interpersonales. Indudablemente nuestro yo interior o nuestro ser más interno, es el centro de funcionamiento de todo, no solamente para una vida maravillosa, sino para poder ayudar a quienes lo necesitan.

Los oídos son uno de los regalos más hermoso y perfectos del plan de Dios para nuestras vidas. Son lo más maravilloso porque nos presentan los sonidos de la naturaleza, los truenos decorados con la lluvia, el murmullo de los árboles y hasta los zumbidos de los mosquitos y el ruido de los vehículos. A través de la escucha el ser humano puede alimentar el sentimiento del amor y la empatía hacia el otro, porque de allí puede tener la capacidad para dar un buen consejo a un amigo en momentos de tristeza, a un abuelo en circunstancias de soledad, a una madre en situación de consuelo, a un hijo en las orientaciones, hasta en las caricias de un amante necesitado de compañía. Los oídos son una inspiración hermosa de Dios, porque de allí podemos escuchar y transmitir el evangelio, la suave vibración del Espíritu de Dios y las grandes promesas que la vida nos otorga.

¿Por qué entonces no empezar a afinar el sentido del oídopara poder emprender el camino de la escucha?

Así que para comunicarte y entender y que te entiendan, empieza por escucharte a ti mismo, a mirar a los ojos a tu emisor, a tener paciencia, a ver la realidad humana,  a resumir, indagar, aclarar y mostrar interés por lo que te dicen. Recuerda devolver la respuesta con los 4 filtros de la comunicación: el espacio adecuado, el hablar con bondad, el decir la verdad e identificar la necesidad del otro.

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