Fracaso escolar, un compromiso familiar

Es igual de ingenuo atribuir el éxito de nuestros hijos a la suerte, así como el fracaso a la falta de capacidad, pero como padres queremos que nuestros hijos alcancen grandes logros, aunque podemos caer en el error de exigirle que sea perfecto, a tal punto que negamos o no nos percatamos de sus esfuerzos.

En este segundo semestre del año, aumenta el interés y el afán en recuperar las asignaturas perdidas hasta el momento y los logros no alcanzados, y la clave está en un adecuado acompañamiento a nuestros hijos.

Debido al fracaso escolar, los niños dudan de sus capacidades personales, asumiendo posiblemente que cualquier esfuerzo para tener éxito será en vano. Por lo que algunos niños ya ni se esfuerzan y se rinden ante el reto escolar.

Existen estudios que indican que los niños con Necesidades Educativas Especiales tienden a tener menores expectativas de éxito que los demás, siendo poco probable que atribuyan sus logros a sus mismas capacidades sino más bien, a la ayuda del profesor o a “un golpe de suerte”.

Los niños con fracaso escolar van creando unos esquemas propios de pensamiento; es decir, un estilo propio de interpretar la realidad, que refuerza su mentalidad de “perdedor”. Esto sumado a las influencias del medio que interfieren en él, hace que el niño refuerce su posición negativa consigo mismo o intente cambiar de parecer.

Los niños que afrontan el fracaso de manera más adecuada tienden ante éste, a creer que fue por falta de esfuerzo propio y que lo pueden superar fácilmente a diferencia de los niños que ya asumen una mentalidad de “perdedor” y se aferran a ella sintiendo que no existe posibilidad alguna de mejorar trayendo esto consigo, grandes consecuencias en la formación de sus sentimientos de amor propio. 
A nivel interno, el hecho de ver que académicamente “no rinde”, sumado al sentimiento de amor propio deteriorado como consecuencia, la influencia y exigencia del exterior (padres, docentes y los compañeritos), generan un desajuste personal y emocional en el niño que trae como resultado, un sinfín de conductas que es importante intervenir.

Por ende, es de suma importancia, que los docentes, padres y comunidad educativa en general nos eduquemos, leamos y mostremos interés no sólo en conocer acerca de estas problemáticas que afectan a nuestros niños sino además, sobre ¿Cuál es la forma adecuada de ayudarlos a superarlas y a salir adelante? Generando en ellos un cambio de percepción de sí mismos que les permita ver el mundo como “menos malo” y a ellos mismos, como buenas personas para que de esta manera puedan construir su amor propio y comportarse así como expresarse de manera más adecuada.

Es por esto que debemos:

1. Reforzar los elogios, acciones como dar la palmadita de apoyo en la espalda o el besito en la frente son suficientes para hacer sentir al niño que lo hizo bien y sobre todo que lo AMAMOS.

2. Ejercer autoridad cada vez que emita una conducta inadecuada, una de las más valiosas enseñanzas es saber que existen consecuencias por cada decisión que tomamos. Pero es importante tener en cuenta que debemos reprender la conducta o comportamiento inadecuado en el niño, no al niño como tal, por ejemplo: Es mejor decir “Sofía, Eso que hiciste está mal” en lugar de “Sofía eres una mala niña”. Recuerda que los límites que ponemos a nuestros hijos demuestran cuanto los amamos.

3. La importancia de la familia dentro del proceso educativo, siendo positivos ante los aportes y contribuciones que la familia puede ofrecer. Recuerda la importancia del acompañamiento en el momento de los deberes escolares; debemos estar ahí para motivar, y resolver inquietudes no para hacer las tareas por ellos.

4. Afecto y tolerancia, la calidad de la enseñanza debe estar basada en estos dos principios. El aprendizaje debe ser preferiblemente lúdico y divertido; pero sin perder la autoridad ¿Cómo? Simplemente hazlo con respeto.

5. La comunicación entre familia y escuela, debe ser fluida y respetuosa, esto hace que se hable el mismo idioma y el niño perciba igualdad, firmeza y seguridad en los mensajes que se emiten.
Finalmente recordemos que no es peligroso e incluso es sano permitirle al niño de vez en cuando tener experiencias que lo frustren, que hagan que el sienta que puede mejorar; de esta manera, aprenderá a ser tolerante ante sus fracasos y los de los demás.

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