Ha llegado un tiempo de cuestionamiento

La adolescencia es para cada individuo un tiempo de grandes cambios en todos los aspectos de la vida. Un tiempo extraordinario donde el cuerpo madura y con él la mente, el corazón y la voluntad. Leyes precisas y misteriosas se cumplen en cada ser humano que atraviesa por esta etapa. Llega el momento en el que surge la pregunta ¿quién soy? Y es que todo cambia de la noche a la mañana, tanto en el interior como en el exterior del cuerpo.

Con la llegada de estos cambios los adolescentes experimentan algo paradójico, porque sienten al mismo tiempo, una gran satisfacción y un tremendo desagrado. Satisfacción puesto que llegan al mundo de los adultos y desagrado por la confusión que producen las transformaciones fisiológicas que no esperaban. Sus cuerpos están cambiando pero aún más sus mentes. Se ríen de sus actuaciones cuando eran más pequeños, pero se inquietan por su porvenir porque sienten que tienen verdaderos problemas, que se rompieron para siempre el equilibrio y el gozo de la infancia momentos de apatía, indisciplina, oposición, terquedad, critica, incomprensión y timidez.

Uno de los mayores fenómenos que se produce en la adolescencia  es “el cambio de mentalidad”. Esta etapa además de ser un momento de conflictos entre los adolescentes y todo cuanto les rodea, es el tiempo donde se abre nuevas oportunidades en su vida y de ellos depende si se aprovecha o desperdicia.

Con frecuencia los adolescentes discuten con sus padres, se enojan y defienden sus ideas. Pueden tener ideas geniales, creativas, pero cuando descubren que los adultos no razonan igual que ellos se sienten confundidos y decepcionados. Es entonces cuando se sienten solos contra todos.

Observan todo cuanto les rodea y llegan a la conclusión de que nada de lo existe a su alrededor está bien. Sus críticas son despiadadas y ante ellos todas las instituciones caen: familia, colegio, sociedad,  profesores y en general todos los adultos, especialmente sus padres quienes como la mayor parte de los seres humanos con frecuencia piensan, dicen y hacen cosas absurdas; pues les exigen comportarse en formas que carecen de lógica y en ocasiones son incluso incongruentes con su propio ejemplo, lo cual les parece injusto e irracional. 

A pesar de que la mente de ellos está hecha un caos porque no saben cómo enfrentar los problemas y además dudan de lo que les dicen o proponen los mayores, tampoco están seguros de poseer la verdad;  esta situación de crisis es buena porque les ayuda a tomar posiciones serias frente a la vida y a definirse para poder afrontar la realidad y sus problemas.

Un aspecto importante es que la mente del adolescente es más activa, fresca y abierta que la del adulto. Por este motivo deben aprovechar el tiempo al máximo; a esta edad las capacidades mentales son infinitas.

Ayer eran espectadores, hoy son actores y protagonistas. Este cambio no se improvisa ni es automático y aunque a los adolescentes les cueste reconocerlo, tienen necesidad de alguien que los oriente. Es por eso que deben dejarse guiar por las personas adultas que los rodean, pero sin negarse a ser ellos mismos.

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