La amarga espera de la dulce espera. Lidiando con la frustración de no poder ser padres

El corazón latía tan fuerte que pensaba que se me iba a salir del pecho. Eran tan solo un par de días de retraso, pero era imposible no llenarme de ilusión. Seguramente este mes sí; hicimos todo lo que teníamos que hacer, el día que teníamos que hacerlo, de la forma en que teníamos que hacerlo, todas las indicaciones se siguieron al pie de la letra… ¡hoy será el día! Corro a la farmacia y pido una prueba de embarazo. Le sonrío el regente cuando este me mira con complicidad.

¡Buena suerte! me dice, mientras me entrega la ligera cajita. Con manos temblorosas destapo el sobre, tomo la muestra, aplico las tres gotas, y espero con ansias los cinco minutos más eternos del universo. Aparece la primera raya; la que siempre aparece, la que siempre se roba mis sueños, la que siempre destroza mi corazón… esperemos un momento, seguro ya viene la otra…. tiene que ser así… no puede ser una falsa alarma otra vez… otra vez no… de nuevo este dolor ¡no! ¡No por favor! Como si el mundo confabulara en mi contra, solo unas horas después el aborrecido sangrado aparecía una vez más. Mi cuerpo desgarraba sus tejidos, mientras mi corazón desgarraba sus ilusiones.

Te quedarías impresionado al conocer el sin número de parejas que hoy viven este dolor: la amarga espera de la dulce espera. Dicen algunos estudios (información no rigurosa) que solo el 20% de las parejas que buscan un embarazo, lo consiguen sin problema y de forma natural al poco tiempo; de este 20% un 30% se pierden en el proceso de preimplantación, del 15% al 20% en la postimplantación. Es decir, que solo 2 de cada 10 parejas tienen el privilegio de recibir la buena noticia de que van a ser padres, sin mayores complicaciones en el intento. Se lee rápido, pero no se procesa igual cuando mes a mes tus ilusiones se van al piso.

De acuerdo con la OMS (Organización Mundial de la Salud), para “declarar” a una pareja estéril, se requiere de un proceso de mínimo 1 año, en el que hayan tenido relaciones sexuales coitales frecuentes (3 veces a la semana) y no hayan conseguido quedar en embarazo. !1 año! Te imaginas lo que esto significa: 12 ilusiones desechas, porque sin lugar a dudas cada mes nace una nueva esperanza, la misma que muere cuando la naturaleza te indica que esta vez no fue. Si al igual que yo lo has vivido, sé muy bien que entiendes del dolor del que hablo. Después llegan los diagnósticos y con cada palabra de los especialistas una nueva herida que se acumula. Un esperma defectuoso o inexistente; una alteración hormonal; unos ovarios poliquísticos o una endometriosis severa (como en mi caso). A veces cuesta llegar a un diagnóstico adecuado, y en el peor de los escenarios el diagnóstico es: “anatómica y fisiológicamente todo está bien, deberían de quedar en embarazo sin problema” pero no es así y la frustración se impone destrozándolo todo. Algunos se decantan por la fertilización asistida, logrando en algunos casos éxito en su cometido, pero en muchos otros no. De nuevo la frustración, sumada al déficit económico que esto representa por las cuantiosas cantidades que se invierten en ello. Llega el cansacio. La desesperaza. La desolación. La relación de pareja se fractura con frecuencia; se buscan culpables; se emiten juicios y señalamientos; la recriminación es continua e incluso Dios entra en el asunto, desde una figura injusta que “le da pan al que no tiene dientes”. Sin lugar a dudas no es fácil estar allí. Es por esto que quiero compartirte cuatro recomendaciones desde lo profundo de mi corazón, después del complejo proceso de esterilidad que mi Príncipe (mi esposo amado) y yo vivimos en los últimos cuatro años.

1. Los hijos no se le piden al ginecobstetra, se le piden a Dios. Esta frase se la escuché al dr. Alvaro Sierra en una de sus impecables disertaciones y me caló hasta lo más íntimo del corazón. Respeto profundamente las creencias de todos, pero reiterando que estoy compartiendo mi humilde opinión, estoy convencida de que el Dueño de la Vida es Dios, y que Él es nuestro Padre.


Los hijos son bendición de Dios dentro del Sacramento del Matrimonio; hacen parte fundamental e intrínseca de este Divino Consorcio. ¿A quién tendríamos que pedírselos entonces?


No pretendo ir en detrimento de quienes buscan asistencia y apoyo en la ciencia para enfrentar su infertilidad. No. Cada quien es libre de buscar en sus recursos cómo ayudarse, y si la ciencia nos aporta tantas cosas, es válido en muchos casos acudir a ella. Pero mi punto es este: por encima de Dios no hay nadie. Puedes pagar el más costoso de los tratamientos, acudir al más prestigioso de los especialistas, pero el Dueño de la Vida sigue siendo Él: nuestro Padre. Tu Padre. Así que presenta tu anhelo, tu sueño, tu deseo delante de Su Presencia, y te aseguro que no saldrás defraudado.

2. Deja de buscar la bendición y encuéntrate con el que bendice. Este segundo punto es fuerte, y va totalmente de la mano del primero. Tú vas a pedirle a Dios por tu sueño, pero qué hermoso sería que recordaras siempre quién es el Padre y quién es el hijo. De mi Príncipe Encantado he aprendido una hermosa frase que la he hecho parte de mi cotidianidad:

Dios no te da lo que le pides… te da lo que verdaderamente necesitas.


Así que reorienta tu oración y aprende como la Madre a decirle a Él: “Hágase en mí según tu Palabra”. No le digas a Dios qué es lo que tiene que hacer, haz lo que Dios te diga que hagas. Él es Soberano, y conoce muy bien cuáles son sus caminos para ti. A veces su respuesta es sí, a veces es no, y en muchísimas oportunidades es: espera. Recuérdalo siempre: Él es tu Padre, te ama, conoce lo que tanto anhela y con seguridad tiene una respuesta para ti. ¿Cómo la conocerás? Aprendiendo a pasar tiempo con Él, a través de la oración, del ayuno, de la eucaristía, de la lectura de su Palabra. Ríndete a Dios y acepta su perfecta voluntad, que dicho sea de paso, siempre será buena, agradable y perfecta.

3. Cuestiónate la razón por la cual quieres ser padre/madre. Esta ha sido sin duda la más grande de las enseñanzas en nuestra amarga espera de la dulce espera. ¿Por qué quieres ser madre?  me cuestionó un día alguien y hoy te devuelvo esa pregunta a ti. Con frecuencia escucho frases como: “Quiero ver crecer mi barriga”, “Cómo sería un hijo de los dos”, “Hay que conocer a la pinta” (es una de las más divertidas, jejeje), “Los hijos amarran el matrimonio”, “Así tiene que ser”. En fin. Tantas razones como motivaciones. Muchos descartan totalmente la idea de la adopción, argumentando cosas como: “no se va a parecer a nosotros” o “de pronto me sale enfermo”. ¡Oh Dios! Una vez más te pregunto ¿por qué quieres ser padre? ¿Por qué quieres ser madre? Si tu respuesta tiene algún atisbo de egoísmo, es importante que te detengas y reflexiones. La maternidad/paternidad es mucho más que “muñequiar” o jugar pelota con tu futuro hijo. Es una altísima comisión de formación, dirección y guía. Es la renuncia al egocentrismo y a la búsqueda del placer. Es la co-participación de la obra creadora de Dios. Construir familia, es construir futuro. La responsabilidad que se otorga en tus manos va más allá de tus deseos y diversiones, para llevarte al terreno de la entrega, la renuncia, el sacrificio y especialmente, la formación. Así que cuestiónate.

4. ¿Estás preparado para la aventura? Y por último esta es mi pregunta final, porque de su respuesta se deriva quizá, la razón por la cual el milagro de la vida no se ha gestado en ti.  Como decía anteriormente los Propósitos de Dios son mucho más altos que los nuestros y su óptica es sin duda superior, pero hay algo que he aprendido con dolor en este proceso, y es que la paternidad/maternidad, conforme al Sueño de Dios, requiere preparación. ¿Cómo está tu realidad interior? ¿Qué tal tu tolerancia a la frustración? Háblame de tu amor y generosidad. ¿Qué tal tu relación de pareja? Y ¿los niveles de comunicación y solución de conflictos? ¿Cómo está tu relación con Dios? Para ser familia se necesita ser pareja… y para ser pareja se necesita ser persona. ¡Nunca lo olvides! Como tú, sé muy bien lo que es experimentar el dolor y la frustración, pero también he visto a Dios manifestarse aun en medio de nuestras más profundas decepciones. Solo te pido que deposites toda tu ansiedad sobre Él, porque como dice el canto, Él cuidará de ti. Él es tu paz. Él es tu Padre. Y aunque sientas desmayar, con amor y misericordia te está acompañando en la amarga espera de la dulce espera.

“Aún no ha llegado el momento
de que esto se cumpla;
pero no dejará de cumplirse.
Tú espera, aunque parezca tardar,
pues llegará en el momento preciso”. Habacuc 2,3 

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