La culpa es de mi pareja.

Aprendiendo a transformar los problemas conyugales en oportunidades de amar

Imagínate rumbo al aeropuerto, después de tener un viaje preparado con muchos meses de antelación.

Has invertido tus ahorros y te has privado de darte ciertos gustos para hacer de esta una gran experiencia de aniversario con tu pareja. Por supuesto te encuentras emocionado, lleno de expectativa y simplemente no te cambias por nadie. Vas muy tranquilo porque tienes todo controlado y al día: Check in, tarjeta de abordar, seguros, contactos, etc

Al llegar al mostrador de tu aerolínea, listo para dejar tu pesada maleta y empezar a disfrutar, escuchas la amable pero firme voz del encargado diciéndole a tu pareja “lo lamento mucho pero este pasaporte no está actualizado, por lo tanto, usted no puede viajar”. Tu mente hace “plop”, te quedas frío e inmediatamente te llenas de pensamientos que te perturban y muchas preguntas: ¿Qué pasó?, ¿Cómo así?, ¿Cómo es posible que nos pase esto?, ¿Y todo el dinero y esfuerzo que invertimos?, ¿Por qué no verificamos antes?, ¿Y ahora qué hacemos? ¡Esto es lo peor! ¡Aquí deberían darle soluciones a uno! ¡Es terrible! ¡Todo es tu culpa!Esto en caso de personas que a causa de los golpes de la vida se han visto obligadas a entrenar sus emociones y controlar su conducta. Sin embargo, en otras personas más impulsivas, se podrían generar pensamientos y frases de un calibre mayor, similares a aquellos que tenemos cuando nos golpeamos el dedo pequeño del pie con la pata de la cama.

Estos pensamientos no aparecen solos, van acompañados de una marejada de sentimientos que pueden incrementar tu perturbación, te llenas de confusión, desilusión, preocupación, tristeza, angustia, impotencia y rabia. Tu pareja evidencia los mismos sentimientos con la diferencia de que se le añade el doloroso sentimiento de la culpa al ver tus ilusiones derrumbadas. En ese momento te ves en medio de dos caminos opuestos. En el primero, ves a tu pareja “pequeñita”, solo te provoca ahorcarla y desde una posición de juez, quieres lanzar con tu lengua dardos de fuego que apuntan al desquite, el enganche y la culpabilización. El resultado: amargura, bloqueo, desunión, un regreso a casa perturbador y un problema conyugal fijo que puede tomar días, meses o incluso años en sanar.

Pero recuerda que existe otro camino, el que quiero mostrarte hoy, uno en el cual tú y tu pareja evidencian exactamente los mismos sentimientos particulares de la situación, con la diferencia de que aunque te sientes mal, asumes una conducta diferente. En este escenario, comienzas a discernir que tu pareja no tuvo la intención de generar el problema, entiendes que los errores hacen parte de la vida del ser humano y te haces responsable de tus emociones para no desquitarte. Así mismo, piensas que aunque la situación sea frustrante, no es terrible ni catastrófica y que si bien no puedes cambiar lo que ya es, sí puedes enfocar tu energía en trabajar en equipo con tu pareja para encontrar soluciones que les permita resolver el problema. Si en el peor de los casos, no lo pueden resolver y no hay viaje, regresarán a casa con una sensación natural de desilusión pero tu pareja tendrá en su corazón la convicción de cuánto la amas y de que eres la mejor persona que pudo elegir para su vida. En otras palabras, habrás anotado muchos puntos y fortalecido el vínculo de pareja. ¿Será que ese era uno de los objetivos del viaje de aniversario?

Ahora bien, puede que en este momento estés deseoso de probar este segundo camino pero te sientes sin herramientas para lograrlo. Es por esto que a continuación quiero compartirte algunas recomendaciones que te ayudarán a transformar los problemas conyugales en oportunidades de amar.

1. Desarrolla la habilidad de hacerte responsable de tus emociones. 

Interioriza el principio de que tus emociones son tuyas y sólo tú eres responsable de procesarlas y manejarlas adecuadamente. Nadie puede descomponerte o sacar lo peor de ti. Eres tú quien lo permite. Como estás “en caliente”, es necesario que te des un espacio sin tu pareja donde puedas procesar mejor tus emociones sin desquitarte. Dile que vas al baño o a tomar aire un momento, si no puedes retirarte, quédate en silencio mientras procesas ya que las palabras que pueden salir de ti en ese momento están altamente cargadas de emociones negativas.

¿Cómo así que las emociones son mías?

Como dice el conocido filósofo griego Epícteto: “Lo que me afecta no es lo que pasa, sino lo que pienso de lo que pasa”. El problema no es la situación, sino lo que ella significa para ti. Es por esto que un paso fundamental que te ayudará a avanzar en el procesamiento de este problema es ir directamente a explorar tus pensamientos.

Es importante que sepas que en las emociones no existen atajos, es decir, una vez son activadas requieren de un tiempo para regularse. Es por esto que, mientras “aterrizas” la emoción, te recomiendo echar mano de tu conducta y aunque sientas un profundo deseo de “ahorcar” a tu pareja, decideno hacerlo. Esfuérzate por hacer algo diferente y trata a tu pareja como quisieras ser tratado si estuvieras en la misma situación.

2. Date el permiso de sentir y ponle nombre a las emociones generadas.

 No es tan efectivo decir, “me siento mal”. Procura ser preciso con la emoción que estás sintiendo en el momento. ¿Tristeza?, ¿Desilusión?, ¿Rabia?, ¿Angustia?, ¿Miedo? Tú tienes derecho a sentir estas emociones y ellas tienen funciones importantes que nos permiten protegernos y responder a ciertos estímulos. Por ejemplo, la ira se origina cuando sentimos que algo es injusto con nosotros y debemos resolverlo. El miedo por su parte responde a una reacción natural que nos permite evitar efectivamente situaciones, animales o personas que interpretamos como peligrosas. Como puedes ver, en las emociones hay un trasfondo significativo que nos ayuda a sobrevivir, sin embargo, es importante procesarlas sin exagerarlas ni dañar a los demás.

3. Aprende a cuestionar y reestructurar tus pensamientos.

Es importante partir del principio de que los pensamientos, sentimientos y conductas se encuentran interconectados. Todo lo que pienses, sea positivo o negativo, va a activar emociones y sensaciones del mismo tipo y finalmente una conducta específica. Por ejemplo, siguiendo con la historia del aeropuerto, si piensas: ¡Esto es lo peor! ¡Aquí deberían darle soluciones a uno! ¡Es terrible!¡Todo es tu culpa!. Sentirás emociones como rabia, angustia, impotencia, ansiedad, entre otras. En consecuencia, tus conductas tenderán a ser más de contra ataque o agresividad y tu mente estará más nublada para encontrar soluciones.

Esta forma de operar de tu mente es esperable, sin embargo, por la experiencia puedo asegurarte que no es buena idea creer todo lo que tus pensamientos te dicen y comportarte en concordancia con ellos. La clave está en entrenar tu forma de pensar para que tu forma de sentir y actuar se modifiquen de una forma que impacte mejor tu vida y la de los seres que amas.

¿Cómo cuestionar y reestructurar los pensamientos?
Es fundamental que analices la situación tal cual es. Presta especial atención a lo que te propone tu mente y diferéncialo de los hechos. Por ejemplo, puede que tu mente te diga “Eso lo hizo mi pareja para hacerme sentir mal”. Pero recuerda que este pensamiento, más que un hecho, es una percepción. Tú percibes que tu pareja quiere que te sientas mal pero la verdad es que él o ella también está sintiéndose mal frente a la situación. En realidad, no es tu pareja la que te hace sentir mal sino la situación y tus pensamientos.

Desarrollar esta habilidad es un poco difícil sin ayuda. Un recurso muy útil para educar tu mente es participar de entrenamientos enfocados a enseñarte a pensar bien. Si se te presenta la oportunidad de participar de estos espacios, no dudes en hacerlo ya que tu forma de verte a ti mismo, al otro y al mundo será completamente diferente al igual que tu vida.

4. Practica el amor como decisión, no como sentimiento.

 Dicen que el amor es uno de los sentimientos más grandes y maravillosos que existen, sin embargo, el amor no es precisamente un sentimiento o una emoción. Va mucho más allá del enamoramiento y es en realidad una decisión de todos los días.

Conozcamos por qué el amor es más que un sentimiento. Los sentimientos o emociones (tales como: rabia, tristeza, enamoramiento, alegría) se generan en un área del cerebro conocida como Sistema Límbico. Donde se encuentra nuestra parte más primitiva, algo así como nuestro cavernícola interior. Esta área nos permite responder casi sin pensar ante diferentes situaciones que involucren nuestra supervivencia. Es por esto que en este sistema no hay decisión, hay mas bien, reacción. Las emociones, incluyendo el enamoramiento, son cambiantes de acuerdo a nuestras experiencias del momento. Su inestabilidad hace que sea peligroso confundirlas con amor y basar una relación de pareja en ellas, ya que cualquier evento difícil podría poner a los enamorados a “tambalear” y a tomar decisiones apresuradas.

El amor, por su parte, se origina en un área de nuestro cerebro encargada de funciones superiores exclusivas del ser humano tales como: la toma de decisiones, la planeación, la regulación de impulsos, entre otras. Esta área se conoce como Lóbulo Pre-frontal y es la que te permite en un momento de rabia controlarte y no desquitarte con tu pareja, aunque sea lo que más deseas en ese momento.

Como puedes ver, amor y enamoramiento son completamente diferentes. Como protagonista de esta historia, quiero decirte que si quieres construir un amor que sobreviva a los disgustos de la cotidianidad, es fundamental que fortalezcas esta parte de tu cerebro para que puedas decidir amar a tu pareja cuando menos lo sientes porque allí es cuando más lo necesita. Anímate a entrenar tu forma de pensar y de enfrentar mejor las dificultades. Si sigues estas recomendaciones, te aseguro que anotarás muchos puntos con tu pareja y como resultado aumentará el potencial de amar de ambos. En consecuencia, podrás llevar tu relación a otro nivel, donde el conflicto se convierta en una oportunidad de crecer juntos y de afianzar vínculo de pareja.

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