María, con alma de madre

Pensar en María es entender a esa mujer que un día al decir “SÍ” tuvo la grandeza en su alma de desafiar una sociedad, exponiéndose a un rechazo y a la posibilidad de ser expulsada de su ciudad y su familia por haber quedado en cinta sin haber cumplido con unos requisitos que dictaba la sociedad en su momento, es entender a esa mujer que quiso hacerse mamá sin saber cuál era la finalidad y su misión con este acto , es entender a esa mujer que quiso hacerse madre solo por hacer la voluntad del Padre que tan solo la escogió a ella porque vio en ella virtudes que la hacían merecedora de tan alto honor .

Es apreciar que a pesar de su corta edad tenía un alma tan abierta a Dios que no dudo un solo minuto para dar el sí, renunciando a todo solo por entregarse a ese hijo que al igual que muchas madres vio partir pero que acompañó con esmero y dedicación los años que la vida le permitió compartir a su lado, y que aún en los momentos de dolor estuvo ahí para él, acompañándolo, enjugando sus lágrimas y su dolor , secando su sudor y su sangre, por que como madre sabía que su misión era estar para ese hijo brindándole consuelo y apoyo en esos momentos de angustia y terror por los que estaba pasando, pero nunca renunció, nunca se rindió, permaneciendo incólume al lado de la aflicción de su hijo. 

Este es el ejemplo de madre que tenemos muchas mujeres de esta época, nada ha cambiado para algunas mujeres que hicieron de la maternidad su oficio, su razón de vida, con cualidades y defectos, pero lo hacen, sin estudios previos, sin manuales, sin decaer, sin renegar, sin desfallecer, minuto a minuto, día a día , entregadas a esos hijos que un día el Padre también les encomendó como misión y que aún a pesar algunas veces de las adversidades dijeron sí, tal vez solas , tal vez abandonadas por su pareja , tal vez en pobreza emocional, tal vez en riqueza material pero asumieron el reto .

Mamás que acompañan, que ayudan a tejer sueños en sus hijos, que educan, que enseñan, que acarician, pero que también saben reprender en el momento que sea necesario; mamás de carne y hueso como fue María, que sufren al ver a sus hijos descarriados pero que saben q esa ovejita es la que más necesita de su amor y de su comprensión.

Es por eso que hoy queremos desde la CLÍNICA PARA FAMILIA exaltar esa loable labor de ser mamás, reconocer ese arduo pero satisfactorio trabajo con un aplauso porque en su momento dijeron ¡¡¡sí quiero!!! Hoy las encomendamos a Dios y le pedimos que les llene de amor, de sabiduría y de tolerancia para que lleven a cabo la misión que un día aceptaron ante Dios y ante ustedes mismas.

¡FELIZ DÍA, ESTE Y TODOS LOS DÍAS DEL AÑO!

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