Me miro, me gusto, me amo

El abordaje del tema de la autoestima siempre nos llevará a buscar las herramientas para que ésta se desarrolle de manera adecuada y para ello acudimos a libros, conferencias, asesorías y otra serie de situaciones que propicien un apropiado manejo de este tema; pero cuando nos vemos enfrentados en ayudar a otras personas a que desarrollen la autoestima, nos sentimos “mani – atados”, más aún si ésta persona es nuestro hijo o hija adolescente.

Al parecer cada característica que enmarca la etapa de la adolescencia encierra una aparente “problemática” para quienes acompañan a las personas en este ciclo de su vida, llámese padres de familia, docentes, cuidadores, entre otros. El término autoestima no ha sido ajeno al hecho de ponerlo como otro elemento más, del cual se le debe hablar a los jóvenes y de alguna manera conseguir que su autoestima siempre esté alta para que a partir de ello no lleguen tantos problemas a sus vidas.

Es necesario que los padres de familia, cuidadores, familiares y todas aquellas personas que tenemos el privilegio de acompañar la etapa de la adolescencia de un ser humano, tengamos la certeza de que es necesario que crezcamos en la calidad de la educación y la calidad de las relaciones al interior de la familia; lo anterior con el fin de promover en nuestros adolescentes, el hecho de sentirse únicos e irrepetibles, de sentirse singulares y que esto no se quedé sólo en eso, una linda frase. Sentirse singular es una característica que determina la calidad de la autoestima en el ser humano y por ello se debe trabajar a diario y llegar al “darse cuenta” del por qué soy singular.

Sentirse y llegar a expresar cosas como “no pertenezco” o “nadie me comprende” son voces que nos invitan a un acompañamiento pronto y efectivo, es un llamado para que hagamos “visible” la vida y las palabras de estas personas que atraviesan por esta etapa maravillosa que es su adolescencia. La singularidad, la unicidad, debe convertirse en una lámpara que ilumina el camino de la educación ya que ésta lleva a la construcción del sentido de la vida y de la utilidad de la misma; al llevar a un adolescente a sentirse singular, intrínsecamente se le está invitando a pensar el para qué es útil en la vida y no sentir que vino a este mundo a generar problemas o simplemente a gastar oxígeno.

Pero llevar a un hijo o hija a que piense en esto e ilumine su existencia con un sentido de vida claro, es necesario que los que acompañamos amorosamente este momento evolutivo, también nos hagamos conscientes de que somos padres únicos, maestros únicos, hermanos únicos y que nadie puede aportar y sembrar mejores semillas que las que se siembran y riegan al interior de la vida familiar. Preguntémonos ¿Qué nos hace unos padres singulares? ¿Qué es lo que nuestro hijo o hija encuentra en la familia que no encuentra en ninguna otra parte? ¿Tengo clara la materia prima sobre la cual mi hijo puede construir su utilidad para el mundo?

Animémonos pues a ayudar a nuestros hijos y a nosotros mismos a sentirnos únicos, amados, a gustarnos y ser dignos de amar. En una próxima oportunidad abordaremos una nueva característica de la autoestima, por lo pronto tenemos esta maravillosa oportunidad para detonar la singularidad en quienes amamos.

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