¡No temas! Él pelea por ti

Son tantos los problemas que nos pueden abrumar en el día a día. Cuentas por pagar, enfermedades inesperadas, dificultades en nuestro matrimonio, pérdidas, cansancio, estrés.

Como voces internas llegan para decirnos: no puedes, no eres capaz. Y la pregunta es ¿Qué haces cuando las escuchas? ¿Les crees? ¿Te rindes? ¿Les haces caso o tiras la toalla?

Hace unos cuantos siglos atrás, un rey de Judá recibió terribles amenazas de su enemigo el rey de Siria; cuestionaba a su Dios y su protección. Le retaba diciendo “¿crees tú que te librarás de mi mano? Mira todas las naciones que he derrotado y por qué ustedes tendrían que ser la excepción?” Y viéndolo bien, tenía gran parte de razón en lo que decía; era un rey poderosísimo y venía devastando con todas las naciones aledañas.

Pero había solo un pequeño detalle que no conocía y es que el Dios de Judá, era un Dios vivo y peleaba por ellos. Cuando Ezequías, el rey en cuestión, recibió las amenazas, no se derritió del miedo, ni tampoco salió corriendo a esconderse o a llorar en su trono porque pronto serían destruidos.

Él se fue a “ponerle la queja” al único que podía ayudarlo. De rodillas ante Dios le dijo -paráfrasis mía-: “Mira lo que está pasando Señor. Mira cómo nos amenazan, mira cómo se burlan de ti. Por favor escúchame y haz algo”. ¡Qué tremenda enseñanza! De nuevo te pregunto ¿Qué haces tú cuando las voces de intimidación llegan a tu cabeza? Pues Ezequías hoy nos está mostrando un camino. Ve y habla con Él.

Cuéntale a Dios lo que está sucediendo. Pídele que pelee por ti. Suplícale Su Ayuda. Ríndete a Su Favor. En lugar de quejarte, de esconderte, de desesperarte, pídele al Todopoderoso que salga en tu defensa. 

Bien dicen aquellas sabias palabras:

“Si Dios está a nuestro favor, nadie podrá estar contra nosotros” Ro 8,31

Nada es más grande que Él. No hay enfermedad, no hay crisis, no hay escasez, no hay prueba que sea más grande que el amor de tu Dios. Por eso ¡No temas!

¡No te rindas! Sea cual sea la situación que estás viviendo, deja que Dios pelee por ti. Tú, descansa, confía y míralo hacer lo que tú no puedes por ti mismo.

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