Persevera o suéltalo en las manos del Padre

Hay momentos en que las tristezas o dificultades nos atropellan, ¡y de qué manera¡ días  grises que no quisiéramos vivir, la muerte de un ser querido, la pérdida del trabajo, un divorcio, una  mala decisión que destrozó nuestra vida, una desilusión causada por un hijo(a), planes frustrados, abandonos o pérdidas valiosas,  son esos momentos en que sentimos que la vida se nos desvanece entre el sufrimiento, la angustia y la incertidumbre; situaciones que rodean nuestros pensamientos una y varias veces: vuelven los recuerdos, las escenas vividas, las palabras o los gestos de aquellos de quien nunca lo esperamos; naciendo en nuestra mente resentimientos, sentimientos de venganza, vergüenza, pena por lo sucedido. Todo lo que me inquieta y molesta lo convierto en mi enemigo, es un ir y venir entre la pena del dolor y el querer reponerlo.

La mente se convierte, en la peor enemiga: acusa, señala, pregunta, genera sufrimiento, causa malestar con la vida, con los hechos y con lo que se pudo haber hecho y no se hizo.

Todo esto son pensamientos autodestructivos, que para nada ayudan a superar el dolor y ¿quién quiere sufrir eternamente? nadie, pero el permitir que estos pensamientos vuelvan, no ayudan a sanar ni a tener paz en el corazón.

¿Qué debo hacer? Primero decir NO a los pensamientos autodestructivos y segundo decir SÍ, a lo que Dios dispuso y permitió en nuestra vida.

Al decir no, pongo una barrera consiente a los pensamientos automáticos que generan el sufrimiento. Si la situación tiene solución, se acepta como fue y se debe perseverar con toda la fuerza desde cualquier frente posible para lograr lo esperado.

Al decir sí, a lo que Dios permitió, es dar el paso a la  reconciliación con lo doloroso que se ha vivido, dejar de llorar y de lamentarse, si la situación no tiene solución, ¿para qué sufrir más?, es el momento de soltarlo y entregarlo al Padre y no permitir que siga dando dolor, ¿no está en tus manos la solución?, entrégalo y recibe su paz, esa que escapa a toda comprensión humana, una paz que te libera del dolor, el Padre que es todo amor y misericordia hará su obra en su tiempo. Cuando pasen los años mirarás atrás y verás que lo peor que te sucedió, fue lo mejor que te pudo haber pasado, y realmente sentirás el actuar de Dios en tu vida de forma perfecta.

Resignificar es el camino, mirar desde otra perspectiva la situación, y generar cambio, con humildad desde la aceptación de mis propias debilidades y fortalezas.

Reconfórtate, seca tus ojos, levanta tu rostro, arréglate el vestido y sal al mundo nuevo a recibir las grandes bendiciones que hay para ti, perseverando o soltando en las manos del padre, viviendo el aquí y el ahora, es lo que Dios tiene para ti. Sé feliz.

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