Reflexiones de mamá

Cuando te encontré hoy, me vi en tus lágrimas. Era la misma mujer, con un niño en sus brazos, con el temor de una nueva vida.

Es curioso que nos preparamos tanto un parto, ya que parece que ésta es la lucha más grande que enfrentamos. Pero a decir la verdad, son los días y especialmente las noches oscuras y frías que vienen después, las que nos transforman el alma en la mejor madre posible.

Me vi en tus ojos llenos de lágrimas y sentí el mismo pulsar desesperado de una niña perdida, cuando nuestros cuerpos se unieron en un largo abrazo. Eres mi querida amiga, y no te pude preparar para este momento, así como yo misma tampoco me preparé.

Acepta: no son días felices. Aunque tengamos un bebé en nuestros brazos, el cansancio de los días, las noches, el periné suturado, el alma fragmentada nos hace preguntar: ¿en qué me metí? Nuestra vida maravillosa, el cuidado de cuerpo, la mente, el espíritu, parecen cosas del pasado; ya no sabemos ni quiénes somos, hacia dónde vamos y lo que quedará de nosotras en este loco viaje de tener un hijo; un pequeño cuerpo de poco más de 3 kilos, que se comunica de una manera que no podemos entender.

Los niños lloran y necesitamos silenciar su llanto. Buscamos respuestas: tiene hambre? Tiene sueño? está mojado?. En ocasiones todas las preguntas están respondidas; y aun así sigue llorando. Y a veces todo lo que somos capaces de hacer, es llorar juntos.

Tal vez nadie te haya contado sobre eso. Pero sucede en muchos hogares. En casi todos a decir verdad. No son cólicos ni gases. Es el grito desesperado de estar en un ambiente extraño. A veces se da a pesar de ser amado. También nosotras necesitamos ser amadas a pesar de nuestros cuerpos deformes, de nuestra alma en pena, de nuestros ojos que derraman lágrimas. Necesitamos ser amadas a pesar de los labios que no sonríen y del cabello sucio por días.

Hay un secreto: incluso si no ha sido tu elección tener un hijo, aunque sea difícil; elige ser feliz con las pequeñas victorias cotidianas. Elige hacer de tu hijo un compañero de vida. Caminar por la calle, cantar para él y para esa pequeña niña que te habita y se siente perdida, impotente y decepcionada con su nuevo juguete que no funciona como la televisión te hizo creer que funcionaba.

Esta es la vida real. Este es el período posparto. No dejes de pedir ayuda, de llamar a la gente que amas. Asegúrate de llorar. Somos como una figurita de cristal que se rompió en mil pedazos. Y eso que éramos antes, mas los fragmentos de esta nueva vida; es en lo que nos convertiremos dentro de unos meses.

La vida no será la misma, pero eso no quiere decir que sea peor. Lo más probable después de pasar por este manglar fangoso, es que te encontrarás con un increíble viaje hermoso. Vas a encontrar después de un día agotador, el gusto de recibir la primera sonrisa. Y disfrutar de la increíble sensación de ver a tu bebé crecer y aumentar de peso, sólo con tu leche.

De todas las cualidades que la maternidad nos trae, la humildad es el regalo más grande que ganamos. Aprendemos el valor de una noche de sueño, un abrazo, la llamada de un amigo, un vaso de agua, una mano generosa que nos ofrece ayuda. Nos damos cuenta que estamos hechas de pequeños placeres, de escasos progresos y que eso ya es mucho.

Nos volvemos más agradecidas, porque alguien hizo por nosotras lo mismo que estamos haciendo ahora con nuestro bebé, con muchos errores y el mayor de los aciertos: el amor; porque es lo único que nos hace atravesar los días oscuros.
La buena noticia es que todo esto pasa rápidamente. Y un milagro sucede: Te transformas en esta nueva mujer, empoderada, fuerte y valiente.

Sólo puedo decirte: Disfruta este pequeño ser, porque crecen demasiado rápido. Y cuando menos lo percibas, estará volando lejos de tu nido y extrañarás el tiempo en que solo tú eras su mundo. (café Mãe)

Fuente: (http://vilamamifera.com/cafemae/author/kalu/) 

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