Una dosis de coraje

Es indudable que para ser buenos padres se hace necesario tener varias herramientas que permitan desempeñarse de la mejor manera, entre estas herramientas se cuentan altas dosis de amor, compañía, ecuanimidad, comprensión, sólo por mencionar algunas; sin embargo se hace visible que los padres de familia de hoy hemos dejado a un lado el hecho de incluir entre estas herramientas una alta dosis de coraje.

El coraje se debe abrir cabida en el corazón de los padres de familia y cuidadores por el bien en la educación de los hijos; este coraje debe invadir nuestro corazón para educar con rectitud, afecto y autoridad a las personitas que tenemos a cargo y han sido un regalo para nuestras vidas.  Ahora bien, el coraje debe ser protagonista en el corazón de los padres de familia y debe aparecer a pesar de los momentos de dolor, angustia y situaciones abrumadoras por las que puedan atravesar nuestros hijos; por su bien debemos permitir que se enfrenten a estas situaciones y que las resuelvan de manera adecuada; debemos tener coraje para exigir que nuestros hijos duerman solos aunque nos supliquen en la madrugada que los dejemos dormir con nosotros; necesitamos coraje para ayudarlos a que desarrollen sus habilidades aunque en ocasiones esto los haga sentir frustrados; el coraje también se necesita para no llevarles al colegio la tarea que dejaron olvidada en casa por un simple descuido aunque por esto reciban una mala nota.

Entre los miedos más profundos de nuestros niños y adolescentes, se encuentra el miedo a ser fracasados y no poder triunfar, miedo a no sentirse acompañados por sus padres cuando caen o resbalan ante alguna situación; nuestros hijos necesitan padres con coraje, que no tengan miedo de educar y de exigir, que no necesiten ganarse a sus hijos. Nuestros niños y jóvenes nos dicen a diario en sus comportamientos inapropiados “Edúcame”. Pero es evidente la falta de coraje en quienes tenemos a cargo la educación. El cumplimiento de las metas y la realización de los sueños se consigue a punta de esfuerzo y no de sentimientos de pesar, no les corramos la silla a los muchachos, simplemente porque no queremos que sufran; vamos a acompañarlos en esos sufrimientos y vamos a enseñarles que de ellos se aprende y que entre más caliente esté el café mejor aroma da y mejor es su sabor. Seamos padres con coraje, abramos la caja de herramientas e identifiquemos cuál es la que necesitamos en cada momento, démosle a nuestros hijos lo que realmente necesitan; dejemos a un lado el miedo a quedar mal con ellos, seamos padres responsables, con coraje, con dedicación, amorosos, que disciplinan y que no tienen miedo de formar personas exitosas.

¿De qué sirve llorar sobre la leche derramada? No esperemos a que nuestros hijos se conviertan en unos emperadorcitos a quienes el más suave viento los derrumba, no esperemos a que lleguen grandes problemas para buscar ayuda, vamos a llenarnos de valentía y coraje, no abandonemos a nuestros hijos en los combates de la vida, procuremos que se sientan apoyados y acompañados, seamos padres valientes y no busquemos sólo el bienestar y el placer en ellos y nosotros; pongamos los pies sobre la tierra y no perdamos la magnífica oportunidad de darle al mundo personas de bien y personas de éxito, ellos te lo agradecerán.  

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