Uno crece

Imposible atravesar la vida sin que un trabajo salga mal hecho, sin que una amistad cause decepción, sin padecer algún quebranto de salud, sin que un amor nos abandone, sin que nadie de la familia fallezca, sin equivocarse en un negocio.

Ese es el costo de vivir. Sin embargo, lo importante no es lo que suceda, sino cómo reaccionamos.

No vale la pena coleccionar heridas sangrantes, sintiendo como se llena nuestro corazón de odio y rencor.

Crecemos cuando aceptamos la realidad y tenemos aplomo de vivirla; cuando aceptamos nuestro destino, pero luchamos día a día para cambiarlo.

Crecemos cuando asimilamos lo que dejamos atrás y construimos lo que tenemos por delante proyectando lo que puede ser el porvenir.

Crecemos cuando se supera, se valora y se sabe dar frutos, cuando asimilamos las experiencias y sembramos raíces en cada proyecto que emprendemos.

Crecemos cuando ayudamos a las demás personas y le damos a la vida más de lo que recibimos.

Crecemos, cuando valoramos y reconocemos lo que tenemos y lo que somos, cuando somos conscientes de nuestros límites, de nuestras necesidades, de nuestras falencias y también de nuestras virtudes.

El camino de la vida, es un aprendizaje permanente, es el lugar en donde sembramos para recoger; es el lugar donde construimos familia, conocemos amigos, se pierde y se gana.

Durante el camino de la vida vivimos un sin número de experiencias positivas y negativas de las que aprendemos, de las cuales nos hacemos personas y reconocemos la existencia y el valor del otro, de lo que recibimos y estamos en condiciones de dar.

La vida nos ofrece millones de oportunidades de las que si las aprovechamos, extraemos lo mejor, aprendemos, crecemos y nos sentimos felices con lo positivo que puedan representar; pero también, a lo largo de esos millones de oportunidades, nos frustramos, perdemos, no le damos el valor pertinente a las personas, ni a las experiencias que vivenciamos. Esto, es crecer y crecer día a día como personas duele, pero también se disfruta y lo más importante, se aprende logrando así, la madurez necesaria para comprender que la vida es una con lo bueno y lo malo que de ella podamos recibir.

Lo que ha sido nuestra historia de vida, las interpretaciones que hemos hecho de ella y de nuestra vida familiar, son las bases en donde nos construimos a sí mismos como personas y construimos los modos de relacionarnos con los demás y con el mundo que nos rodea. Esa permanente construcción que no para, de la que no nos podemos escapar, es dolorosa, pero también es gratificante cuando  asumes y comprendes que de lo malo se aprende, pero al mismo tiempo de lo bueno.

Crecemos cuando entendemos que no todos somos iguales, cuando entendemos que cada quien percibe su realidad de manera diferente,  que cada quien percibe a los demás de manera particular y es ahí, a partir de las diferencias, en donde entramos en un constante deseo de descubrir al otro, de amarlo como es y lo mas difícil, de aceptarlo como es.

Crecer, es pasar del miedo al amor, de la carencia a la abundancia, del dolor al perdón y de la separación a la unidad.

Quiero cerrar con esta pequeña reflexión:

“quiero poder amarte sin aferrarme, apreciarte sin juzgarte, encontrarte sin agobiarte, invitarte sin insistencia, criticarte sin censurarte, ayudarte sin disminuirte.

Si quieres concédeme lo mismo, entonces realmente podremos reunirnos y ayudarnos a crecer mutuamente.”

Virginia Satir

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