Todos estamos ¿presos?

Hace tan solo unos minutos escuché esta expresión y me llamó mucho la atención, lo que me animó a escribir un poco al respecto y de entrada me atrevo a preguntarte a ti que estás leyendo y por nuestra situación: ¿de qué te sientes preso?
Y si… muchos quizá ven toda esta época como una prisión, como un encierro, como una rutina, pero el fondo, a mi modo de ver, es que la situación nos ha llevado a darnos cuenta que hace mucho tiempo estamos presos de muchas cosas. Nos hemos privado de muchas palabras buenas para los demás, nos hemos privado de manifestaciones de cariño – que la situación quizá nos ha llevado a darnos cuenta lo importante que es un abrazo, un beso y expresar de esta manera cuánto queremos a los nuestros -; nos hemos privado de hacer muchas cosas que quisiéramos pero que hemos pospuesto y vamos haciendo del mismo tiempo nuestra más grande prisión.
Por estas épocas y por la misma situación se ha vuelto popular la palabra “cuarentena”, que la RAE define como “aislamiento preventivo durante un período de tiempo…”. Entonces nos damos cuenta que hemos dejado en “aislamiento preventivo” muchos sueños, hemos dejado en cuarentena lo que más amamos hacer, hemos dejado de lado (por un período eterno además) nuestras buenas relaciones con los demás, más aún hemos guardado distancia desde hace mucho tiempo con muchas personas que hacen parte de nuestra vida. Con la recomendación de estar aislados y conservar la distancia con los demás un sacerdote decía hace poco que “muchos estarán a salvo porque hace mucho tiempo están distanciados.” No existen abrazos, besos, manifestaciones de cariño desde el lenguaje de amor del contacto físico, cuyo lenguaje de amor por estas épocas anda también en cuarentena.
¿Y qué tal si sacamos de cuarentena esas cosas que sólo nos hacen bien? ¿Y qué tal si dejamos de aislar nuestros sueños y eso que amamos hacer? ¿Y si sacamos de cuarentena nuestras palabras buenas para con los demás? ¿Y si sacamos de “aislamiento preventivo” nuestra creatividad?
Antes de iniciar el 2020 escuché comparar a un sacerdote este año con el 20/20, símbolo de la agudeza visual o la nitidez en la visión, analogía que me pareció espectacular y que también finalmente adapté a mi lenguaje coloquial. También una gran amiga hablaba de su gusto por los años pares y muy especialmente por este… hablaba de sus grandes expectativas frente a este año, pero de lo que nunca fuimos conscientes es que para saber qué tan nítido podemos ver también debemos conocer lo que no es tan nítido, lo opaco. La claridad trae consigo la oscuridad, lo nublado. Estos extremos hacen que yo pueda conocer realmente lo nítido. Aquí es donde veo los beneficios de un gran visitante para nuestra humanidad llamado COVID-19. Gracias a él estamos comenzando a ver mucho mejor.
En una visión 20/20 también están inmersos otros aspectos como la visión periférica, la percepción de profundidad, la capacidad de enfocarse, la visión del color, entre otros. Pues bien, la situación que estamos viviendo a nivel mundial nos lleva a enfocarnos en estos aspectos y volviendo a lo que nos ha aportado este 2020 con la visión 20/20 tendríamos que preguntarnos: ¿hemos visto periférica y profundamente lo que ha sucedido con los nuestros en nuestro entorno más cercano? ¿Hemos sido conscientes de sus necesidades? Ampliando un poco más la periferia ¿Sabemos cómo están aquellos que no están en nuestro primer entorno pero que amamos? En cuanto a la capacidad de enfoque creo que más que en los demás, debemos es pensar en nosotros, pues en la medida en que nos pensemos y actuemos de la mejor manera sobre nosotros mismos vamos a estar bien y como consecuencia todos van a estar bien. ¿Nos hemos enfocado en lo que queremos y nos gusta hacer por estos días? Cocinar, unos buenos libros, unas buenas películas, la buena música que nos mueve, etc.
Finalmente hay que preguntarnos ¿Qué tan colorido estamos viendo nuestro entorno? Recordemos que somos nosotros mismos quienes le ponemos el color y el sabor a lo que hacemos.
Paradójicamente yo siento que esta época ha despertado la creatividad en muchos y nos ha llevado a hacer cosas inimaginables poniéndole color a todo. Es muy bonito ver un montón de conciertos virtuales que se han gestado desde una cotidianidad, es bonito ver cómo se generan distintos contenidos con el fin de mantener a una sociedad en cuarentena entretenida. En mi caso ha despertado grandes preguntas frente a mi quehacer desde mi vocación y me ha llevado a repensar las cosas, a actuar de una forma distinta. Me hizo caer en cuenta que he rutinizado algunas cosas y que hace falta renovarlas. Esto me lleva a agradecer este momento que estamos viviendo.
Esta situación, más que una prisión, nos está llevando a tener mucha claridad en lo que vemos, la nitidez de las cosas. Es una época que valdrá la pena si nos hace verdaderos y mejores seres humanos, a ver las cosas desde otra óptica y con una visión realmente 20/20. Es una época que pareciera generarnos pérdidas en todo pero que en lo esencial, en lo fundamental se convierte en una ganancia. Es una época que nos llama la atención y que nos muestra que lo esencial es en últimas lo simple. Por esta época quizá los objetos más felices son nuestras prendas de vestir viejas eso sí, extrañadas de ver cómo no combinan una con otra y entonces nos damos cuenta de que es lo que básicamente necesitamos, que no son necesarios los lujos, que lo esencial es que estemos bien a pesar de las circunstancias.
Tengo que dejar un aparte de alguien que es absolutamente esencial: DIOS. Con Él aparece otro elemento esencial por estos días que es LA ESPERANZA y me es inevitable con ello recordar una frase de Rick Warren que le da aún más luz a estas palabras que hoy escribo:

“Sin Dios la vida no tiene propósito y sin propósito la vida no tiene sentido. La vida sin sentido no tiene significado ni esperanza. La esperanza es esencial como el aire y el agua para vivir y la tragedia más terrible no es morir sino vivir sin propósito”.

Tendremos que hacernos entonces la pregunta por nuestra espiritualidad, nuestro propósito, el sentido de vivir, nuestra esperanza. Esto hace parte de lo esencial.
También me ha parecido muy bonito ver lo que muestran algunos medios de cómo la naturaleza se reacomoda para retomar un curso que en algún momento los humanos desviamos. Creo que es otra gran ganancia. Y creo que cada uno, en nuestro mundo, podríamos hablar de un sinnúmero de ganancias de lo que ha hecho toda esta situación desde nuestra percepción, desde lo personal. De hecho pienso que una gran ganancia que tenemos en común es que juntos estamos comprendiendo el significado de la palabra extrañar.
Finalmente tengo que decir que por estas épocas vemos quizá el gran valor que tiene la libertad, pero no notamos que aún en nuestro “encierro” podemos ser absolutamente libres. Libres para retomar cosas que queremos, libres para distribuir el tiempo en lo que nos gusta, libres para hacer nuestras labores en la medida de las posibilidades, libres para sentir, para expresar, para pensar en calma.
“TODOS ESTAMOS PRESOS”, sí, y tengo que decir que soy un preso más, pero yo decido que mi prisión ES LA LIBERTAD. Eso me hace felizmente preso.
Autor: John Edison García – Servidor de La Clínica para la Familia
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