Del dolor de la mentira a la alegría de la aceptación

En ocasiones vivimos experiencias muy dolorosas marcadas por la mentira y el engaño. Son situaciones que no quisiéramos experimentar en nuestra vida para eludir el dolor que generan, pero que también nos afectan dependiendo de la actitud con que las recibamos, si las aceptamos como parte de nuestro aprendizaje pueden ser pruebas que abren puertas, que transforman relaciones y crean un mejor futuro.

Sin embargo, no se desconoce el dolor y los sentimientos que nos genera el engaño, éstos pueden ser profundos y también nos pueden llenar de impotencia y resentimiento; pues en esos momentos es difícil ver las bendiciones que trae consigo esa situación. Pero si tuviéramos la serenidad para aceptar que hay cosas que no se pueden cambiar y nos enfocáramos en ver esa dificultad como una oportunidad de aprender lecciones y fluir, seríamos más conscientes de nuestras bendiciones y estaríamos más cerca de alcanzar el propósito de Dios en nuestra vida.

Existen varias formas de hacer más llevaderas estas situaciones donde la mentira y el engaño o cualquier otra situación sean protagonistas:

  • Hacer ejercicio: El ejercicio y el deporte brindan bienestar emocional, reduce la intensidad de emociones como la ira, la agresividad, la ansiedad y la depresión, además de mejorar la concentración.
  • Fijarse también en lo positivo: No se trata de ignorar lo negativo, sino de reconocer las cosas positivas que tiene la situación para tener una perspectiva más integral, sin catastrofizar ni autoengañarse, esto reduce la angustia.
  • Agradecer: Esta práctica nos conecta con la vida, contribuye a la felicidad y al optimismo, reduce la insatisfacción y nos ayuda a adaptarnos a las circunstancias.
  • Expresar lo que sientes por medio de un arte: Escribir, dibujar, bailar, cocinar u otras alternativas de acuerdo a tus gustos, facilita la expresión emocional, ayuda a recobrar la estabilidad y hará ver con más claridad posibles soluciones.
  • Meditar: Reduce los niveles de estrés y ansiedad porque mejora el bienestar mental, y te ayuda a tener la mente más calmada. No necesitas ser budista para ello, simplemente consiste en concentrarte en el presente, esto lo puedes hacer por medio de ejercicios de relajación o incluso a través de la oración según tu cosmovisión.
  • Conversar con alguien cercano: Es importante tener a alguien, un confidente que sepa escuchar, con quien puedas compartir sentimientos y pensamientos angustiosos.
  • Convertir la rabia o el dolor en algo útil: Muchas actividades creativas y descubrimientos han surgido del dolor o la ira. Ya sea desde crear tu propio proyecto o unirte a uno con el que te identifiques, canalizar los sentimientos desagradables en algo que ayudará a otros es una estrategia de ganar-ganar y una excelente manera de facilitar el alivio mental.

Si bien son propuestas sencillas, requieren fuerza de voluntad, disciplina y determinación para avanzar y continuar más conscientes y con más experiencia para afrontar nuevas situaciones.

Todo en nuestra vida puede tener un propósito. Toda situación trae consigo el potencial de un aprendizaje y allí está el reto: poder ver más allá de lo que está sucediendo. Trascender y lograr convertirnos en mejores personas con la satisfacción y alegría que genera la aceptación de lo que nos sucede.

Autora: Lorena Rodríguez – Participante del grupo terapéutico “Sanar para Amar”.

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