Una pareja funciona de manera sana cuando ambos miembros pueden confiar el uno en el otro. La infidelidad conlleva a una pérdida de esta confianza en la otra persona que termina afectando la relación afectiva. Cuando se escoge una pareja, se escogen muchos aspectos alrededor de una persona, es decir, nos atraen ciertas características físicas, características de su personalidad o forma de ser, de la manera de hacer las cosas, sus valores, sus metas o ambiciones, el conjunto de todo esto nos genera esa certeza necesaria para elegir o decidir que esta persona será nuestra pareja, incluso hay otro valor importante en esa construcción y es la admiración que se siente por ese ser amado.

Cuando ocurre una infidelidad, todo esto que creíamos saber sobre el otro se pierde, el sentimiento de engaño o de falta de lealtad es porque ya no sabemos quién es el otro, surge una duda intuitiva de con quién estamos en verdad y surge la pregunta: ¿cómo tener la certeza de que esta persona a quien creía conocer y en quien ponía mi confianza no volverá a actuar de la misma forma siendo de nuevo infiel? Por esto, cuando ocurre una infidelidad, un error común es resguardarse o justificar la infidelidad en conflictos dentro de la relación de pareja. Ya que, no todas las relaciones que tienen los mismos problemas terminan en infidelidad, así como el hecho que la infidelidad también ocurre en relaciones satisfactorias. 

 

Esto resalta que la infidelidad nace de las decisiones de un ser individual y consciente y cada uno es responsable de sus decisiones, no se trata si una de las partes pasó a ser distante emocionalmente de un momento a otro, pierde interés en la sexualidad, descuidó su cuerpo o apariencia, pasa más tiempo en el trabajo, etc.; estos son asuntos que se pueden resolver en pareja y que deben abordarse a tiempo y, de ser necesario, con ayuda de un profesional.

Además, muchas veces se dice como justificación que “no se pudo evitar” o “fue un accidente” ante el acto de ser infiel o que por naturaleza el ser humano podría ser infiel en cualquier momento, o incluso tratarse de un asunto de género. Aquí hay un pensamiento equivoco, porque si bien lo que sí es real y natural es la atracción que se pueda llegar a sentir por otra persona diferente a la pareja, lo que NO es natural, es la decisión de alimentar esas atracciones a tal punto que termine en conductas de infidelidad.

La realidad, es que todo ser humano tiene poder de elección y normalmente detrás de una situación que no podamos controlar, hubo un momento donde tuvimos una salida y decidimos no tomarla, por lo tanto, la infidelidad es cuestión de decisión personal.

Superar una infidelidad implica poder recuperar y reconstruir la confianza en el otro como persona, como ser, reconocer con quién estamos construyendo una relación de pareja, derrumbando la idealización del otro o las expectativas de “nunca fallar” para poder confiar nuevamente y para esto, el primer paso es asumir la responsabilidad o admitir la culpa, buscar el perdón y reconstruir la confianza entendiéndola como un proceso de compromisos de las dos partes, pero además es importante en este proceso la autoconfrontación y revisar las reglas internas de la relación en ese pacto de exclusividad sexual y/o afectiva que construyeron desde el inicio donde el reto es encontrar un equilibrio en la dinámica de la pareja.

La infidelidad si se puede evitar, es una cuestión tanto de hombres como mujeres y depende de cada uno. Recuerda: ¡Es una decisión!

Aura María Giraldo

Psicóloga – Clínica para la Familia

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1 Comment

  1. Manuel dice:

    Que pagina mas hermosa

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